Guía Completa sobre la Escala AQI: Cómo entender la calidad del aire que respiramos

Última actualización: 12 agosto, 2026
  • El AQI es un indicador numérico del 0 al 500 que simplifica la concentración de contaminantes atmosféricos en niveles de riesgo para la salud.
  • Se basa en la medición de partículas PM2.5, PM10, ozono troposférico, dióxido de nitrógeno, dióxido de azufre y monóxido de carbono.
  • Existen diferencias metodológicas entre el índice americano (EPA) y el europeo (ICA), aunque ambos buscan alertar sobre la insalubridad del aire.
  • La transición hacia energías limpias y la descarbonización industrial son las vías más efectivas para reducir los valores de AQI a largo plazo.

Vista panorámica de una ciudad envuelta en smog y neblina, representando los niveles altos de contaminación del aire y el índice AQI.

Seguro que alguna vez has abierto una aplicación del tiempo y has visto un número acompañado de un color verde, amarillo o rojo que indica la calidad del aire. Ese valor es el AQI (Air Quality Index), una herramienta diseñada para que cualquier persona, sin necesidad de ser un experto en química atmosférica, pueda saber de un vistazo si el aire que respira es seguro o si es mejor evitar salir a hacer deporte ese día.

A diferencia de la temperatura o la lluvia, que son evidentes, la contaminación es a menudo invisible. No hace falta que haya una nube de humo negro sobre tu cabeza para que el aire sea perjudicial; hay días en los que el cielo luce azul brillante pero el índice de calidad del aire está por las nubes debido a partículas diminutas o gases irritantes que afectan directamente a nuestro organismo.

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¿En qué consiste exactamente la escala AQI y cómo funciona?

Vista aérea de una ciudad con emisiones industriales de humo, ilustrando los contaminantes que afectan la calidad del aire.

En esencia, el AQI es un sistema de traducción. Toma datos técnicos complejos, medidos en microgramos por metro cúbico, y los convierte en una escala numérica del 0 al 500. Lo más importante que hay que entender es que el índice no es una media de todo, sino que se rige por el contaminante que peor esté en ese preciso instante. Si el dióxido de nitrógeno está bajo pero el ozono está disparado, el valor del AQI será el del ozono.

Para medir este índice, se vigilan principalmente los siguientes elementos:

  • PM2.5 y PM10: Partículas en suspensión. Las PM2.5 son las más traicioneras porque, al ser tan pequeñas, pasan el filtro natural de la nariz y garganta, llegando hasta los alvéolos pulmonares y el torrente sanguíneo.
  • Ozono troposférico (O₃): A diferencia del ozono protector de la atmósfera alta, este se forma a ras de suelo por la reacción de gases contaminantes con el sol, siendo el gran problema en los veranos calurosos.
  • Dióxido de nitrógeno (NO₂) y Dióxido de azufre (SO₂): Gases ligados principalmente al tráfico rodado y a la actividad industrial.
  • Monóxido de carbono (CO): Menos común hoy en día en ciudades modernas, pero peligroso en zonas cerradas o industriales.

Interpretación de los rangos y colores

Para que no haya pérdida, el sistema utiliza un código de colores muy intuitivo. Cuando el valor está entre 0 y 50 (Verde), la calidad es buena y no hay riesgos. De 51 a 100 (Amarillo), se considera moderada; la mayoría de la gente no notará nada, pero alguien muy sensible podría sentir alguna molestia. Una vez que superamos los 100, entramos en terreno delicado.

Entre 101 y 150 (Naranja), el aire es poco saludable para grupos sensibles (niños, ancianos o asmáticos). De 151 a 200 (Rojo), ya se considera insalubre para toda la población. Si el valor sube entre 201 y 300 (Morado), estamos ante una situación muy poco saludable con advertencias sanitarias. Finalmente, cualquier valor superior a 300 (Marrón) se clasifica como peligroso, lo que supone una emergencia sanitaria donde todo el mundo debería evitar cualquier esfuerzo al aire libre.

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Diferencias entre el modelo europeo y el americano

Hombre utilizando una mascarilla protectora en un entorno urbano contaminado, destacando la protección para grupos sensibles ante el AQI.

Es muy común que alguien compare dos aplicaciones y vea números distintos para la misma ciudad. Esto ocurre porque el índice de la EPA estadounidense y el Índice de Calidad del Aire (ICA) europeo no son idénticos. El modelo europeo, utilizado por organismos como el MITECO en España, tiene sus propios umbrales y categorías (como «razonablemente buena» o «extremadamente desfavorable») y utiliza una paleta de colores ligeramente distinta, aunque la lógica de alerta es la misma.

Factores que disparan la contaminación en España

Estación de carga para vehículos eléctricos rodeada de vegetación, simbolizando la transición hacia energías limpias y la reducción de emisiones.

En nuestro país, hay dos fenómenos muy típicos que hacen que el AQI suba sin que necesariamente haya más coches en la calle. Por un lado, tenemos la calima sahariana, que arrastra polvo del norte de África. Aunque es un proceso natural, esas partículas PM10 afectan a los pulmones igual que si fueran humo industrial. Por otro lado, está el ozono estival; en julio y agosto, la radiación solar convierte los gases del tráfico en ozono, haciendo que el aire sea peor a mediodía que al amanecer.

También influyen los anticiclones invernales. A veces ocurre lo que se llama inversión térmica: una capa de aire caliente actúa como una tapa sobre la ciudad, atrapando los contaminantes a ras de suelo y evitando que se dispersen, lo que dispara el AQI en ciudades como Madrid o Barcelona durante enero.

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Quiénes deben tener más cuidado

Aunque todos nos vemos afectados, hay personas que deben mirar el AQI casi como miran el pronóstico del tiempo. Los grupos sensibles incluyen a personas con EPOC, asma, problemas cardiovasculares, embarazadas y niños. Un detalle que suele pasarse por alto es el de los deportistas. Al correr o pedalear, inhalamos mucha más cantidad de aire que en reposo, por lo que un AQI de 120 puede ser mucho más agresivo para alguien que está haciendo un sprint que para alguien que camina despacio.

El camino hacia un aire más limpio

Bicicletas eléctricas aparcadas en la ciudad, promoviendo la movilidad sostenible para mejorar la calidad del aire urbano.

La realidad es que el AQI es un reflejo de nuestras decisiones energéticas. Comparar una ciudad como Delhi, donde el AQI suele superar los 300 por el uso masivo de combustibles fósiles y quema de residuos, con una ciudad como Pamplona, donde los valores son bajos, demuestra que la descarbonización funciona. La transición hacia el hidrógeno verde, la energía solar y la eólica no solo combate el cambio climático, sino que reduce directamente la presencia de NO₂ y partículas en nuestras calles.

Empresas comprometidas con la sostenibilidad buscan reducir su huella de carbono porque saben que menos emisiones industriales se traducen en una mejora inmediata de la salud pública. La electrificación del transporte y la eficiencia en los procesos industriales son los motores que permitirán que el color verde sea la norma y no la excepción en nuestros mapas de calidad del aire.

Mantener un control estricto sobre los niveles de contaminantes y fomentar la transición hacia modelos energéticos limpios es la única forma de garantizar que el aire que respiramos no sea un riesgo. Al final, el AQI es más que un número; es un aviso constante de que nuestra salud depende directamente de la capacidad de la sociedad para abandonar los combustibles fósiles y abrazar la sostenibilidad ambiental.

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