- América produce actualmente unos 42 millones de barriles diarios, superando a Oriente Medio y representando casi el 40% del total mundial.
- Estados Unidos, Brasil y Canadá lideran el crecimiento, con proyecciones que sitúan a los dos últimos por encima de Arabia Saudita en el corto plazo.
- La estabilidad geopolítica del continente americano lo convierte en un proveedor más seguro frente a las crisis en el Estrecho de Ormuz.
Si echamos un vistazo al tablero energético global, es imposible no notar que el eje de poder se está desplazando. Lo que antes era un dominio casi absoluto de Oriente Medio, ahora se ve desafiado por un crecimiento imparable en el continente americano, que ha pasado a ser el motor que impulsa el suministro de crudo a nivel mundial.
Desde las vastas arenas de Estados Unidos hasta las promesas del presalino brasileño y los nuevos yacimientos en Guyana, América no solo está produciendo más, sino que se ha convertido en un refugio estratégico frente a la inestabilidad geopolítica de otras regiones, asegurando que el flujo de energía no se corte por conflictos en estrechos peligrosos.
El ascenso de América como potencia petrolera

Actualmente, la región americana es una auténtica bestia en términos de producción. Sumando crudo y derivados, se alcanzan unos 39,5 millones de barriles diarios, a los que hay que añadir otros 2,5 millones procedentes de biocombustibles como el etanol y el biodiésel. Esto pone la cifra total en unos 42 millones de barriles al día, superando a cualquier otra zona del planeta.
Este volumen representa casi el 40% de la producción global, llegando incluso a tocar el 45% en momentos de crisis aguda en Oriente Medio. El ritmo de crecimiento es sencillamente vertiginoso; en el último año, la producción ha subido en 1,6 millones de barriles diarios, y comparado con 2024, el salto es de 3,2 millones. Los protagonistas de este bum son principalmente Estados Unidos, Canadá, Brasil, Guyana y Argentina, con Venezuela recuperando terreno en el camino.
Análisis detallado de los líderes regionales

Estados Unidos sigue llevando la voz cantante. Gracias a la revolución del shale oil o petróleo de esquisto, ha pasado de producir 5 millones de barriles diarios en 2008 a rozar los 22,8 millones en 2024, consolidándose como el mayor productor del mundo. Sin embargo, su consumo es igualmente masivo: consume unos 20,4 millones de barriles al día, lo que supone casi el 20% del total mundial. Curiosamente, sus reservas probadas, que rondan los 83.729 millones de barriles, le darían autonomía para unos 11 años si no importara nada.
Por otro lado, Brasil está haciendo los deberes y ha alcanzado máximos históricos. Con una producción de 4,5 millones de barriles diarios, la estatal Petrobras está apostando fuerte por la cuenca de Santos, donde planea desplegar 11 unidades flotantes de producción en el yacimiento de Búzios. Se espera que, para finales de 2027, la suma de Brasil y Canadá supere la producción de Arabia Saudita, un hito que cambiaría las reglas del juego.
Canadá tampoco se queda atrás, habiendo registrado récords de 5,64 millones de barriles diarios a finales de 2025. Mientras tanto, en el Caribe y Sudamérica, Guyana y Surinam emergen como piezas clave. Guyana, en particular, camina hacia niveles de producción similares a los de Libia, convirtiéndose en un contrapeso estratégico a la OPEP.
Geopolítica y nuevas rutas comerciales

La inestabilidad en el Estrecho de Ormuz y las tensiones entre Irán y Estados Unidos han hecho que el crudo americano sea mucho más atractivo. Al no depender de pasos marítimos peligrosos, el suministro desde el hemisferio occidental es mucho más seguro y fiable para los compradores internacionales.
China ya se ha dado cuenta de esto y ha empezado a mover sus fichas, comprando cerca de la mitad de lo que exporta Brasil y una parte considerable de la producción de Guyana. Este desplazamiento del centro de gravedad energético sugiere que las inversiones seguirán fluyendo hacia América, alejándose de las zonas de conflicto.
Recursos y servicios industriales en la región
Para gestionar este volumen de actividad, ha surgido una infraestructura de servicios masiva. Existen redes de conexión que abarcan 26 naciones, desde Canadá hasta Argentina, facilitando que las empresas de exploración, producción y logística encuentren socios fiables. Venezuela, por ejemplo, sigue siendo un punto focal donde se concentran proveedores de servicios industriales y empresas de gas.
La industria se apoya hoy en día en un flujo constante de información en tiempo real sobre la OPEP+, el análisis de la historia petrolera regional y la organización de eventos de networking para mantener la competitividad tecnológica y operativa en todo el continente.
La hegemonía energética se ha trasladado al oeste, donde la combinación de tecnología de esquisto, yacimientos presalinos y nuevas fronteras en el Caribe ha creado un bloque capaz de dominar el mercado. Con una producción que ya supera a la de Oriente Medio y una logística libre de bloqueos geopolíticos, América se posiciona como el nuevo pilar del suministro energético mundial, atrayendo inversiones globales y redefiniendo las alianzas comerciales del siglo XXI.
